300 años de muerte, 300 años de vida.

Del documento titulado “En el Tricentenario de la Muerte de San Juan Bautista de la Salle” emitido en Roma, desde la Casa General de Los Hermanos de la Salle, extraigo cuanto está en comillas:     “Durante el 2019 se cumple el 3º centenario de la muerte de San Juan Bautista de La Salle. El Superior General y su Consejo solicitaron y obtuvieron del Papa que en esta ocasión fuese posible celebrar un año jubilar dedicado a San Juan Bautista de La Salle, Fundador del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y Patrono de los educadores”.

La fecha del inicio de este Año Jubilar Lasaliano ha sido fijada para el 17 de noviembre de 2018, debido a que en este día se dedicó al Fundador, en 1951, durante el año del tricentenario de su nacimiento, la capilla de la Casa Generalicia.

La apertura del Año Jubilar consistirá en una celebración de una solemne Santa Misa, que iniciará con la lectura del Decreto de proclamación del Año Jubilar y terminará con la Indulgencia Plenaria.”

En Santiago de los Caballeros esta apertura fue el 25 de noviembre 2018, en la Parroquia de Fátima, El Egido.

“El Año Jubiliar Lasaliano terminará el 31 de diciembre de 2019”.

“Todavía hoy, después de trescientos años y siguiendo las huellas de Juan Bautista de La Salle, la gran familia De La Salle está formada por cerca de 4.000 hermanos, que junto a 92.000 educadores, educadoras y numerosos colaboradores laicos trabajan en cerca de 1.200 centros educativos, en 80 países con cerca de 1.380.000 de alumnos, niños, jóvenes y adultos. [los alumnos son 1.380.000]”

En este Jubileo los Hermanos de la Salle recalcan que celebran “Trescientos años de muerte y trescientos años de vida”, porque San Juan Bautista vive en el cielo y en la tierra, lo cual ha posibilitado 300 años de historia viva en la Congregación fundada por él, por inspiración y voluntad de Dios.

Para enmarcar esta celebración han escogido el lema “Un corazón, un compromiso, una vida”. Y se preguntan: ¿Estamos dispuestos a compartir “un corazón, un compromiso, una vida, tal como lo hizo San Juan Bautista de la Salle?

Al respecto han elaborado unas reflexiones que reproducimos aquí textualmente:

1. Un corazón
“De La Salle y sus primeros compañeros posibilitaron el nacimiento de nuestra Familia Lasallista. Ellos fueron personas abiertas a la acción de Dios, se dejaron “tocar el corazón” por Él. Sus corazones latían al compás del corazón de Dios y del de los niños y jóvenes más necesitados. Dios les tocó en lo más profundo de su ser y les guio para mover los corazones de quienes iban caminando con ellos. Les regaló la gracia de ser el corazón de un nuevo carisma en la Iglesia y para el mundo.

Éste, como todo carisma, “es una gracia, un don… que es dado a alguien no porque sea más bueno que los otros o porque se lo haya merecido: es un regalo que Dios le hace para que, con la misma gratuidad y el mismo amor, lo pueda poner al servicio de la entera comunidad, para el bien de todos”.

Un carisma recibido gratuitamente como don para el bien de quieres Dios no ha confiado y son el centro de nuestra misión: nuestros alumnos, especialmente los más empobrecidos. Así lo expresa nuestro fundador: “Por su celo procuren dar señales sensibles de que ustedes aman a aquellos que Dios les confía”.

2. Un compromiso
“Toda la vida de San Juan Bautista de La Salle estuvo orientada hacia Dios, a amarle y a amar, a servirle y a servir. Su vida fue una constante respuesta a cuanto Él le iba suscitando en la oración y en la escucha a las necesidades de su entorno. No tuvo reparo en reorientar su vida superando todos sus miedos.

Su respuesta a Él le llevó a una vida de compromiso hacia los demás: “…de modo que un compromiso me llevaba a otro, sin haberlo previsto en los comienzos” MSO 6.

El espíritu de nuestro Fundador, Patrono Universal de los Educadores, sigue vivo en nosotros y nos toca actualizarlo hoy respondiendo a las necesidades de tantos niños, jóvenes y adultos. ¿Cómo o cuándo lo actualizamos?

Cuando vivimos nuestro ser educadores como vocación plena y nos comprometemos:

En comunidad, apostando por una educación integral y una cultura vocacional que iluminen la búsqueda humana de la verdad que da sentido a toda una vida.

Asociados, siendo capaces de optar por el diálogo, la humildad, el respeto a la diversidad, por la justicia, la paz y la integridad de la creación desde una solidaridad activa para con los más pobres y con el futuro de nuestro planeta.

Podríamos seguir completando más formas concretas de vivir nuestro compromiso lasallista y así enriquecer la reflexión conjunta.”

3. Una vida
Un corazón comprometido sólo es posible desde una vida llena y en constante búsqueda, capaz de superar contradicciones e incoherencias porque se sabe en las manos de Dios. ¿A que nos llama Dios en estos momentos de nuestra vida?

La vocación es algo dinámico, está en cons-tante crecimiento y desarrollo. Vivir en clave vocacional, sea cual sea nuestra opción, nos permite recorrer nuestro camino con ilusión, optimismo, alegría, compartiendo con los de – más todo cuanto de valor encontramos al caminar. Nos exige confianza en Dios, fidelidad, compromiso y coherencia con la opción hecha.

Y, levándose al momento, se volvieron a Jerusalén. Esa fue la acción que realizaron los de Emaús después de la experiencia vivida en el camino y en su mesa compartida. Y fue tal la experiencia sentida que lograron restaurar la comunión perdida y regresar al encuentro de la comunidad para testimoniar lo que habían escuchado, visto y experimentado.

El mundo sigue necesitando descubrir que Dios es amor cercano que se revela también cuando caminamos con los demás. Cuánta verdad encierra la afirmación: “Ciertamente, el hombre puede organizar la tierra sin Dios, pero, al fin y al cabo, sin Dios no puede menos de organizarla contra el hombre”

Nuestro mundo necesita personas que testimonien la bondad y la misericordia de Dios. Para ello necesitamos vivir de manera más unificada, tener perspectivas de vida y no quedarnos en los lamentos del camino. Dejar atrás prejuicios, miedos y viejos esquemas y lanzarnos a hacer el bien en nuestra particular Jerusalén que es el lugar donde cada uno ha sido llamado y colocado misteriosamente por Dios y allí dar ¡vida! Puede ayudarnos la imagen del huevo. Si un huevo se rompe por fuera, la vida se acaba. Si se rompe desde dentro por el impulso de su fuerza interior, la vida empieza. ¿O no?

Y nos preguntamos ¿y cómo podemos conseguir esa energía interior?
A nivel personal no siendo hombres y mujeres ¡duros de entendimiento! Teniendo una intensa experiencia personal con Dios. Viviendo nuestra vida como lasallistas con fe, en fraternidad y actitud de constante servicio. Estando siempre al día especialmente a lo que atañe a nuestra misión educativa. Pasando de toda desesperanza a la esperanza. Logrando el mayor nivel de libertad interior posible.

A nivel grupal experimentando y construyendo juntos fraternidad. Procurando la mayor felicidad para el otro, queriendo a nuestros alumnos y a nuestros compañeros de camino. Respetando los procesos, los tiempos de los demás y facilitando su caminar. Construyendo relaciones apreciativas, amables, dialógicas y compasivas. Siendo agentes de cambio hacia el bien común y ayudando a los demás a descubrir su propia vocación.

Dios nos sigue llamando, desea lo mejor para cada uno de nosotros y nos pide un compromiso sincero y transformador. Sólo así nuestros corazones seguirán vibrando o vibrarán de nuevo.

¿No necesitamos volver a encender la llama de la fe y descubrir a Dios de nuevo en nuestra vida? Sin duda en nuestro caminar nos puede acompañar el deseo expresado por Rainer María Rilke5 e incluso hacerlo oración:

“Has hecho la obra de los ojos, ahora haz la obra del corazón”.

Conclusión
CERTIFICO que en mi artículo sobre el año jubilar 1719-2019 en honor de San Juan Bautista de La Salle, he recogido citas textuales del documento “En el Tricentenario de la muerte de San Juan Bautista”, que se pueden encontrar en la página web del Instituto Lasallista (www.lasalle.org) y las redes sociales “lasalleorg” junto a otras informaciones.

DOY FE en Santiago de los Caballeros a los veintiocho (28) días del mes de noviembre del año del Señor dos mil dieciocho (2018).