Senoras penitentes confundidas.

En esa ocasión estaba un circo en la ciudad, El hombre de piruetas y malabarismo era católico y fue a confesarse a la Iglesia. Había pocos penitentes en horas de la mañana. Después de la confesión, se pusieron a hablar fuera del confesionario. El Padre por curiosidad le pregunta a que se dedicaba en el espectáculo del circo; a lo que el responde: «mire, Padre, lo que hago», y comezó a hacer «vueltas del toro», figuras gimnásticas saltos atléticos.

Dos viajas llegaron a las puertas de la Iglesia con intención de confesarse. Pero una le dice a la otra: «vayámonos de aquí, comadre. Porque el Padre esta poniendo penitencias difíciles para nosotras ya ancianas». (P.J.J.)