Las Dos Piedras

Buen Humor

Había una señora que, de vez en cuando,  ponía dos piedras a hervir en un anafe con carbones al rojo vivo.

Una vecina, curiosa, miró en la cacerola y le preguntó:
– Esas dos piedras hirviendo en esa agua, ¿para qué son?
Contestó  la esposa:
– Es que a veces tanta rabia contra mi marido que quiero tirarle un par de piedras. Pero no quiero tirárselas así.  Son muy duras. Si se ablandan, se las tiro.
Entonces la vecina dijo en su mente para ti y para mí:
– Dos piedras nunca se ablandan, pero un corazón endurecido si se puede ablandar.

Cuando tu corazón y el mío se hayan tornado duros, como piedras, por los pecados y la rabia, pongámoslos a hervir en el anafe o en la estufa del fuego de la oración, del amor y la paciencia para que se cumpla en ti y en mi la Palabra del Señor: “Convertiré su corazón de piedra en corazón de carne”  (Ezequiel  11, 19).

Así, ablandados, les tiraremos a todos con nuestras lenguas, manos y obras, con nuestras palabras, gestos y acciones, corazones de carne y no de piedras.

 

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