El Cardenal López Rodríguez y un servidor.

El día que tomé posesión de la Arquidiócesis de Santiago de los Caballeros estábamos en la mesa celebrando dicho acontecimiento en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, en esa mesa estaba el señor Nuncio.
Nicolás, me van a oír decir muchas veces Nicolás porque así era como yo le decía y él me decía mi apodo «carapito».

Él dice al Nuncio: «Señor Nuncio, con esto nos han metido un gol».
El nuncio le responde: «¿Cómo así?».

A lo que el cardenal le contestó: «Porque han nombrado arzobispo de Santiago a uno que es liceísta y usted sabe lo que es eso, un fanático del Licey, equipo rival eterno de las Águilas Cibaeñas. Eso no puede volver a pasar, cuando volvamos a elegir un arzobispo para Santiago lo primero que vamos a preguntar si es liceísta o aguilucho.
Si es liceísta con eso basta para descartarlo como candidato, definitivamente tiene que ser un aguilucho.

Debo decir que el cardenal es fanático aguilucho y sabía muy bien cuál era el equipo de mi preferencia desde los años del seminario.