El Arzobispo y el asaltante.

En una ocasión, un arzobispo de América Central iba conduciendo su carro, al llegar a un semáforo con la luz roja se detiene. En ese momento se acerca un asaltante y le dije:
¡Bájese del auto, esto es un asalto!, no quiero hacerle daño, sólo entregueme su vehículo.

El arzobispo le dice: «ok, te voy a entregar el vehículo, pero antes te voy a explicar quien soy. Yo soy el arzobispo de esta ciudad, tengo la capacidad de bendecir y maldecir, pero te voy a echar una maldición que te va a durar a ti y a toda tu familia toda la vida».

El asaltante bajando el arma dice:
-Si es así monseñor, no hay asalto. Mejor deme una bendición para que me vaya bien en los próximos trabajos.
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